Tenemos el privilegio de contar aun con tiempo. Tenemos una sola vida, es una pena permitir que la limiten el miedo y las barreras falsas.
Ireneo, un gran filósofo y teólogo de los primeros siglos, dijo que “la gloria de Dios es la persona humana viviendo en plenitudâ€.
Es hermoso imaginar que la verdadera divinidad es la presencia en la que se armonizan toda belleza, unidad, creatividad, oscuridad y negatividad.
Lo divino desborda de pasión creativa en instinto por la vida vivida plenamente.
Si te permites ser la persona que eres, todo entrará en ritmo.
Si vives la vida que amas, tendrás refugio y bendiciones.
A veces la gran carencia de bendiciones en y alrededor de nosotros deriva de que no vivimos la vida que queremos,
sino la que se espera de nosotros.
Estamos en disonancia con la signatura secreta y la luz de nuestra propia naturaleza.
Cada alma tiene su forma.
Cada persona tiene un destino secreto.
Cuando tratas de imitar lo que hicieron otros o adaptarte por la fuerza a un molde prefabricado,
traicionas tu individualidad.
Debemos volver a la soledad interior para recuperar el sueño que hay en el fogón del alma.
Debemos recibir ese sueño, maravillados como un niño en el umbral de un descubrimiento.
Al redescubrir nuestra naturaleza infantil, entramos en un mundo de potencialidad benigna.
Así penetraremos con mayor frecuencia en ese lugar de distensión, júbilo y celebración.
Desechamos los fardos falsos.
Entramos en consonancia con nuestro ritmo.
Nuestra forma de arcilla aprende gradualmente a caminar con júbilo
sobre esta tierra magnífica.
( Extracto de: ANAM CARA, el libro de la sabiduría celta, John O’Donohue)

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