viernes, 27 de enero de 2012


Evitando Que Las Huesos Sequen

Cuando odiamos nuestros enemigos, damos a ellos el poder
sobre nuestras vidas. Damos poder sobre nuestro sueño, sobre
nuestro apetito, sobre nuestra dicha. Bailan de alegría
cuando saben que nos aburren. Nuestro odio no perjudica a
ellos pero a nosotros mismos, haciendo de Nuestros días y
nuestras noches un gran infierno." (Dale Carnegie)

Muchas veces perdemos nuestra paz y nuestra tranquilidad
simplemente a causa de otras personas. Nos ponemos
enfadados, enraivecidos, angustiados, desesperados y, en la
mayor parte de las veces, sin ninguna necesidad.

¿No sería mejor ignorar los qué nos quieren mal? ¿No sería
mejor orar por ellos? ¿No sería mejor entregarlos en las
manos de nuestro Salvador? si no conseguimos transformarlos
en amigos, por lo menos no perderemos la estabilidad
emocional y ni perderemos el goce de vivir mos como
verdaderos cristianos, llenos de regocijo y bendiciones.

Cuando estamos alegres, nuestros días son floridos y
perfumados. Cuando estamos tristes, no conseguimos siquiera
ver el brillo de las estrellas. Cuando estamos alegres, las
gotas de la lluvia parecen entonar canciones maravillosas.
Cuando estamos tristes, hasta los rayos de sol se muestran
deslucidos y ennegrecidos. El odio y el enconamiento tornan
nuestros días siempre tristes y nuestras huesos empiezan a
secar por la falta del elixir de la alegría llamado "amor".

No quiero que mi huesos sequen. No quiero tener el alma
conturbada y afligida. No quiero que otras personas
controlen mi corazón y mi dicha. Yo quiero perdonar, quiero
olvidar, quiero vivir en paz con todos. Quiero vivir días de
puro placer y alegría.

Quiero el amor de Dios. Quiero el Dios vivo conmigo, ¡yo
quiero ser completamente feliz!

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