Mísera Soledad
Me pongo a mirar a través de una de las ventanas de mi habitación. Miro la
naturaleza circundante , y veo como discurre la vida, a su ritmo, sin dilación
ni contratiempos. Todo tan organizado... Las aves, que durante el día,
laboriosamente, buscaron su sustento, ya comienzan a recogerse para dar paso al
descanso, y yo, aquí aún con mi mente que da vueltas en pensamientos que drenan
mi paz... Comparo mi vida con lo que veo a través de mi ventana, para sólo
encontrar desorden y dolor. No emito verbo sonoro, pero en mi mente, se crea
un maremoto de emociones mil que, desbordan en angustia y pesar. La soledad se
yergue frente a mi, para dar su abrazo mortal. Me niego, porque ya harto estoy,
de esta lúgubre oscuridad que rodea mi existir, en la que doña Soledad, reina
con miserable desenfreno en mi... Le grito con potente voz: "detente miserable
daga mortal"... Se detiene en su vertiginoso paso hacia mi, atrapándome con su
largos y fríos brazos de desdén y mortandad. Trato, con fiera adrenalina,
zafarme de sus garras letales, y es aquí, cuando con más fuerza me arrastra
hacia ella; sumiéndome en la más abyecta desolación... Entre zozobras y
lágrimas de dolor, me hace navegar hacia el valle de la desesperación, para
aniquilarme entre sus besos y grandes caricias de frío desamor...
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