viernes, 10 de febrero de 2012



APACIGUAR LA LLAMARADA


ya no siento nada
ningun apego
tal vez se deba a la distancia…
estas noches le he soñado y aveces le siento muy cerca,
 tan cerca como cuando luego del estremecimiento del llamado lejano de su voz silenciosa
de repente sonaba el teléfono como por arte de magia y era su voz audible diciendo: hola.
 
pero hay una diferencia entre este ahora y ese “cuando” 
el estremecimiento leve de una clave morse que no llega
un llamado que no es llamado
un pensar que se quedó solo en eso,
ya no llama
ya no escribe
y sí, su ausencia ofrece mayor tranquilidad que su presencia.
 
pero en el abismo se presiente un eco
un residuo que llama desde las montañas y las llanuras.
 
Hay un liviano susurro que no cesa de cantar en mi menor
que si el eco llegase a ser mirada
podría estallar el león que arrullamos para dejarle dormir aislado en la cueva.

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