domingo, 5 de febrero de 2012



Esta carta que te escribo turbulenta:
Turbulenta porque pobrecito amor como has sido de pateado, cuando has sido recorrido por sabios navegantes, cuando el alma se ha mostrado con toda su esplendidez creando corrientes inacabables de energía a través de todos nuestros sistemas para elevarnos, impulsarnos, despertarnos, concientizarnos y liberarnos de las cadenas opresoras que nosotros mismos le hemos puesto.
Te escribo porque eres el gobierno de mi misma, porque tienes nombre y apellido, porque tienes cauce, porque eres afluente, porque eres música, porque eres mansedumbre en el patrimonio de los buenos, de los justos, de los querendones y los queribles, porque tienes un cielo de cristales diluido con el vapor radiante azul sin nubes, porque le pones a la mente y al corazón lianas para transportar la sensibilidad como savia y la sabiduría como compromiso.
Me escribes conquistándome y yo te respondo con el universo de la mano abierta, del corazón cordial y afectivo, te respondo con la sabiduría ancestral que tiene dominio en el espíritu y aposento en las entrañas sin trampas ni frenos. Eres insistente y eso me alaga porque tu arpegio espejeante me llena de antojos con tu lírico cantar sin precedentes y tu invisible aroma en el desvelar felino se arrebata apasionadamente para llenar de amor el camino, un camino que transitan los románticos, los amantes del amor en crecimiento.
Que hermosas son tus cordilleras, tu savia umbilical, tu coro, tu himno, tus jardines, tu verbo de frutas, tu fragancia, tu verdad vivida, tu arte, tu milagro de las cosas fiel al destino del cada uno y el uno con el otro plantando territorios que se expanden en el cultivo de manos tiernas que fulguran en la piel cediendo ante esta puerta del cielo que nos fue dada. Que jerarquía tan elevada la que nos brindas cuando te tomamos con respeto, cuando te vivimos con integridad, cuando te cantamos para que sanes nuestras moléculas, cuando danzas esculpiendo con tu forma pura las expresiones de arrojo y valentía, esas que establecemos en defensa tuya, en defensa del amor incondicional
Recojo tus testimonios en la prosa, en la poesía, en los hogares ejemplares, en las gestas de seres que por amor han dado su vida, en las huellas que en la historia has dejado y que recogemos en la lectura maravillados por tu grandeza inmortal, tu alta sabiduría, tu grandiosa visión de la moral que el amor debe tener intrínsecamente. Oh amor de sociedad, de familia, de hogar, de madre e hijo y de hija y madre, el que se amiga, se hermana, se solidariza, el que acuna y es acunado, el que siembra con respeto, el de la pasión de Cristo, en el dolor de María, en el servicio de los santos y de los grandes maestros, en la voz dulce de los niños que con su inocencia nos recuerdan donde nace este milagro llamado amor.
Cantemos juntos con versos que rimen sin lágrimas, sin gritos, sin desprecios, sin juicios, sin miedos, sin rencores, sin abandonos, ni soledades, cantémonos con la sed que sigue su cauce, con la reciedumbre de seres hominales que asumen su vida por amor, como potencial hercúleo, como naturaleza que encadena sin control, con la comprensión y flexibilidad que le es propia. Hagamos un trato con la fertilidad de la historia de la raza humana cuando el amor ha sido el héroe y la heroína, cuando el amor produce vínculos, no desbaratamientos, cuando el amor arropa, acoge, apoya, sirve, alienta, dando renacimiento al derecho de vivir por amor.
Riámonos con la suntuosidad de lo que realmente somos, no con lo que artificiosamente muchos y muchas desean presentarse, para tristemente caer en la trampa de la desilusión cuando necesariamente tienen que desvestir su realidad de cuerpo postizo con mente extraviada y corazón roto, no saborean el manjar de la autenticidad, de la aceptación que es tan preciosa cuando está libre de fetiches, de privaciones, de actitudes miserables para el vulgo soez y canalla.
Te escribo agradeciéndote todo el aporte que me has dado a través de esta vida donde solo brilla el alma con el único propietario, Dios, y con el único camino, el poder de ser, el honor de ser, el orgullo de ser, que transita por caminos y veredas, por campos, por pesebres, por sementeras, por plantíos con la única consigna de ser luz hacia la libertad, hacia la vida, hacia el hermano, hacia la tierra con su inmensa riqueza polícroma de paisajes que nos hacen hogar sin fronteras, con palabras que elevan el alma regentes de la vitalidad, de la certidumbre de la igualdad ante Dios, ante la ley, ante las claridades.
Sígueme enamorando con tu recia estampa!
Victoria Lucía Aristizábal
Bogotá Colombia
Febrero 5 de 2012

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