Esta carta que te escribo
turbulenta:
Turbulenta porque pobrecito amor como has sido de
pateado, cuando has sido recorrido por sabios navegantes, cuando el alma se ha
mostrado con toda su esplendidez creando corrientes inacabables de energía a
través de todos nuestros sistemas para elevarnos, impulsarnos, despertarnos,
concientizarnos y liberarnos de las cadenas opresoras que nosotros mismos le
hemos puesto.
Te escribo porque eres el gobierno de mi misma,
porque tienes nombre y apellido, porque tienes cauce, porque eres afluente,
porque eres música, porque eres mansedumbre en el patrimonio de los buenos, de
los justos, de los querendones y los queribles, porque tienes un cielo de
cristales diluido con el vapor radiante azul sin nubes, porque le pones a la
mente y al corazón lianas para transportar la sensibilidad como savia y la
sabiduría como compromiso.
Me escribes conquistándome y yo te respondo con el
universo de la mano abierta, del corazón cordial y afectivo, te respondo con la
sabiduría ancestral que tiene dominio en el espíritu y aposento en las entrañas
sin trampas ni frenos. Eres insistente y eso me alaga porque tu arpegio
espejeante me llena de antojos con tu lírico cantar sin precedentes y tu
invisible aroma en el desvelar felino se arrebata apasionadamente para llenar de
amor el camino, un camino que transitan los románticos, los amantes del amor en
crecimiento.
Que hermosas son tus cordilleras, tu savia
umbilical, tu coro, tu himno, tus jardines, tu verbo de frutas, tu fragancia, tu
verdad vivida, tu arte, tu milagro de las cosas fiel al destino del cada uno y
el uno con el otro plantando territorios que se expanden en el cultivo de manos
tiernas que fulguran en la piel cediendo ante esta puerta del cielo que nos fue
dada. Que jerarquía tan elevada la que nos brindas cuando te tomamos con
respeto, cuando te vivimos con integridad, cuando te cantamos para que sanes
nuestras moléculas, cuando danzas esculpiendo con tu forma pura las expresiones
de arrojo y valentía, esas que establecemos en defensa tuya, en defensa del amor
incondicional
Recojo tus testimonios en la prosa, en la poesía, en
los hogares ejemplares, en las gestas de seres que por amor han dado su vida, en
las huellas que en la historia has dejado y que recogemos en la lectura
maravillados por tu grandeza inmortal, tu alta sabiduría, tu grandiosa visión de
la moral que el amor debe tener intrínsecamente. Oh amor de sociedad, de
familia, de hogar, de madre e hijo y de hija y madre, el que se amiga, se
hermana, se solidariza, el que acuna y es acunado, el que siembra con respeto,
el de la pasión de Cristo, en el dolor de María, en el servicio de los santos y
de los grandes maestros, en la voz dulce de los niños que con su inocencia nos
recuerdan donde nace este milagro llamado
amor.
Cantemos juntos con versos que rimen sin lágrimas,
sin gritos, sin desprecios, sin juicios, sin miedos, sin rencores, sin
abandonos, ni soledades, cantémonos con la sed que sigue su cauce, con la
reciedumbre de seres hominales que asumen su vida por amor, como potencial
hercúleo, como naturaleza que encadena sin control, con la comprensión y
flexibilidad que le es propia. Hagamos un trato con la fertilidad de la historia
de la raza humana cuando el amor ha sido el héroe y la heroína, cuando el amor
produce vínculos, no desbaratamientos, cuando el amor arropa, acoge, apoya,
sirve, alienta, dando renacimiento al
derecho de vivir por amor.
Riámonos con la suntuosidad de lo que realmente
somos, no con lo que artificiosamente muchos y muchas desean presentarse, para
tristemente caer en la trampa de la desilusión cuando necesariamente tienen que
desvestir su realidad de cuerpo postizo con mente extraviada y corazón roto, no
saborean el manjar de la autenticidad, de la aceptación que es tan preciosa
cuando está libre de fetiches, de privaciones, de actitudes miserables para el
vulgo soez y canalla.
Te escribo agradeciéndote todo el aporte que me has
dado a través de esta vida donde solo brilla el alma con el único propietario,
Dios, y con el único camino, el poder de ser, el honor de ser, el orgullo de
ser, que transita por caminos y veredas, por campos, por pesebres, por
sementeras, por plantíos con la única consigna de ser luz hacia la libertad,
hacia la vida, hacia el hermano, hacia la tierra con su inmensa riqueza
polícroma de paisajes que nos hacen hogar sin fronteras, con palabras que elevan
el alma regentes de la vitalidad, de la certidumbre de la igualdad ante Dios,
ante la ley, ante las claridades.
Sígueme enamorando con tu recia
estampa!
Victoria Lucía
Aristizábal
Bogotá
Colombia
Febrero 5 de
2012

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