Un ruido como un poco de sol cansado de arrastrar muertos
comen flores de ardiente rostro
mi carne transforma el mal en una infancia imposeida
muero donde arden suspirados abandonos
y en ti yo me poseo entregado a la tierra
cuerpo inmóvil que transmuta serenidad de muerte
al tiempo de lóbrega, monótona sangre
la seca amapola oscila sortilegios con negras insignias
de humeante otoño,
resurge un eco quebrantado en el viento
ante los signos que desenfoca la ruptura de mis paisajes
la sangre de geometría fúnebre
desprende tu corteza de la nocturna ansiedad
caída entre las flores
sobre aquellos llantos amables que matarán en mis labios
tu nombre.
j.m.lecumberri

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