Una vez, hace muchos, muchísimos años, en
un país muy lejano que
estaba más allá de los mares, algunos
pastores estaban cuidando sus
ovejas. Era una hermosa noche, clara,
brillante y apacible, en la
quietud había un sentimiento de
expectación. Nunca las estrellas
habían estado tan brillantes y una de ellas
en especial, brillaba tan
esplendorosamente, que los pastores se
deslumbraron con su luz. De
repente la estrella se puso a cantar.
¡Claro, es la pura verdad,
ustedes saben que hay hadas y Ángeles en
las estrellas!. Oh, qué
celestial era la música que se oía en la
quietud de la noche.
Los pastores estaban tan fascinados por la
estrella, que brillaba más
esplendorosamente que todas las demás, que
siguieron su luz, la cual
los condujo a un lugar muy apartado de allí
donde estaban. ¿Qué
creen ustedes que los pastores encontraron?
Bueno, voy a tener que
contárselo porque no podrán adivinarlo de
ninguna manera.
Encontraron un lindo niñito recién nacido.
La luz que rodeaba al
niño era tan brillante que al principio no
vieron que también allí
había Ángeles. Sí, allí había Ángeles de
verdad, cuidando al
hermoso bebé. Cinco de ellos llevaban
suaves trajes de arcoiris y
tenían alas plateadas y transparentes. Cada
Ángel traía un raro
regalo. Los regalos eran amor, bondad,
generosidad, humildad y
paciencia. ¿No les parecen espléndidos
estos regalos? El sexto
Ángel vestía de un blanco inmaculado y
tenía una estrella en la
frente, traía un inapreciable tesoro,
altruísmo.
Este bebé, que en sí mismo era un tesoro,
había sido enviado a la
Tierra por Dios, para enseñar algunas
nuevas lecciones en la Escuela
de la Vida. A María y a José les dió Dios
este tesorito para que lo
amaran y lo guiaran. ¡Cuánta felicidad y
júbilo significó Él para sus
padres y para todo aquél que lo conoció!
Este niño era un portento
porque podía hablar con los Ángeles , los
cuales comprendían todo
lo que les decía. Los Ángeles le contaron
lo que significaban los
regalos que le habían
traído.
Cuando ya fué lo suficientemente grande
para retozar y jugar, su
linda mamacita le enseñó a tener buenos
pensamientos. Su sabio
papá le enseñó a usar los regalos que le
habían hecho. Cuando ya
tuvo la edad suficiente para tener
compañeros de juego, fué
bondadoso, dulce y generoso para con ellos
y quería siempre
compartir con los demás lo que poseía. Y,
¿saben una cosa?, tenía
también compañeros de juego que eran
invisibles. Jugaba con los
espíritus de la naturaleza y se divertía
enormemente en su compañía.
Poco a poco fué creciendo, hasta que fué lo
suficientemente grande
para ir a la escuela; era muy inteligente y
aprendía sus lecciones con
mucha rapidez. Pero no se ponía orgulloso
por eso, sino que era
muy humilde y tan generoso que con gusto
les enseñaba a los que no
podían aprender fácilmente. Tenía mucha
paciencia para con los que
trataba de ayudar.
Cuando aún era muy chico, su madre le había
dicho que solamente
los puros de corazón podrían ver a Dios,
por eso conservó su
corazón puro ya que quería ver algún día a
Dios. Su padre le había
enseñado que los pensamientos son cosas que
pueden hacer que se
desarrolle un hermoso carácter, por eso
tenía mucho cuidado de
pensar solamente cosas buenas. También se
le enseñó que el
hermoso cuerpo que Dios le había dado, era
realmente un templo
vivo, para que Dios viviera en él, por eso
es que tuvo mucho
cuidado de mantenerlo en buenas
condiciones.
Después de un tiempo fué a permanecer unos
días con unos hombres
sabios y santos llamados Esenios. Ellos le
enseñaron lo que respecta
a la Tierra y a las estrellas y lo que se
relaciona con los espíritus de
la naturaleza y con los Ángeles y
Arcángeles. Allí aprendió también
mucho más acerca de su maravilloso cuerpo y
aprendió a prepararse
para recibir a un Huésped
Celestial.
Cuando ya estaba completamente
desarrollado, su carácter había
llegado a ser noble y santo, su mente
estaba llena de buenos
pensamientos y empezó a dar sus hermosos
pensamientos a los
demás. Se hacía amigo con todos y era tan
humilde que todos lo
querían. También amaba a los animales y era
siempre bondadoso y
dulce con ellos, porque sabía que eran sus
hermanos menores.
Después que hubo aprendido todas las
lecciones que tenía que
aprender en esta vida terrena, sucedió algo
muy maravilloso. Algo
que la gente llama misterio; pero se lo voy
a revelar ahora mismo.
Se necesitaba encontrar a alguien que fuera
puro y santo y quisiera
dar su cuerpo para que lo usara el Hijo de
Dios, Cristo, que quería
venir a la Tierra a salvar a los hombres de
sus pecados. Por eso
Jesús, que era el nombre del joven del cual
habíamos estado
hablando, ofreció su cuerpo para recibir al
Huésped Celestial. Este
constituye el más grandioso acto de
Sacrificio Propio y Jesús ganó
con él, gran favor de Dios. Lo anterior
sucedió de esta manera: Jesús
fué bautizado en el rio Jordán y cuando iba
saliendo del agua, el
gran Espíritu de Cristo descendió de los
cielos, entró en su interior y
lo llenó con su poder espiritual. Entonces,
una voz desde los cielos,
dijo: "He aquí mi hijo bien amado en quien
he puesto toda mi
complacencia". Después que este gran
misterio tuvo lugar, Jesús se
llamó Cristo Jesús. Fué el hombre más santo
de todos los que han
vivido sobre la Tierra y llegó a ser el
salvador de la Humanidad.
Si somos siempre buenos, bondadosos, llenos
de amor y más que
todo generosos, es decir, sacrificamos
nuestros pequeños placeres y
aún nuestros preciosos tesoros para hacer
que los demás sean felices
y si mantenemos nuestras mentes y nuestros
cuerpos puros, limpios
y santos, el hermoso Cristo vendrá a vivir
como un niño en nuestros
corazones. Entonces llegaremos a ser
grandes hombres y mujeres y
llegaremos a ser semejantes a
Él.

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